Creatividad viene de creación

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Podemos comenzar preguntándonos ¿cuál es el relato más conocido acerca del origen de la creación? El texto que nos ofrece ese relato es el libro del Génesis, primero de la Biblia. Los hechos relatados en el libro están configurados en dos partes: la primera encuadraría la prehistoria y una segunda se situaría en el II milenio a.C. Dice el libro «En el principio, creó Dios…» (GN 1,1) Dios creo el mundo, al hombre y las criaturas. Y estableció un orden en todo lo creado. Así también, se explica como el mal entró en el mundo y se extendió a lo largo de la historia. Todo ello en el marco de una explicación religiosa. Pero en ningún momento pretende ser una explicación científica o histórica, ni tampoco paleontológica. Estableciendo al hombre como superior a todo lo creado y con el designio de dominar lo creado de acuerdo con el designio divino. Declara la bondad del mundo y su carácter de servicio al hombre.

Creatividad y creación

Pero, frente a este panorama primigenio el antropocentrismo moderno ha terminado colocando la razón técnica sobre a realidad porque el ser humano no siente la naturaleza como norma válida, ni como un refugio viviente. Sino más bien como una tarea en la que se encierra todo, siendo indiferente lo que suceda con ella como lo define Guardini en su obra El ocaso de la edad moderna. Pero si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se siente mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia identidad. Así, la modernidad interpretó mal el antropocentrismo, de tal forma que interpretó el cuidado de la naturaleza como debilidad en lugar de como administración responsable (Coloquio CEA, 1993).

En definitiva, la crisis ecológica que padecemos, está directamente relacionada con la antropológica. No se puede pretender sanar las relaciones con la naturaleza y el ambiente sin sanar las relaciones humanas. Más aún negando el valor del ser humano y negando su humanidad. Para establecer unas adecuadas relaciones con la naturaleza es imprescindible fortalecer la dimensión social y trascendente del ser humano.

La admiración

La adecuada educación estética y la preservación de un ambiente sano no deben descuidarse. Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta en objeto de uso y abuso sin escrúpulos.

Referencias

 

Foto: por cortesía de Lourdes Delgado

Ausín, S. (2000). Historia de los hombres acciones de Dios. En La creación. Origen de la humanidad (pp. 32-53). Ediciones Rialp, S.A.

Francisco, P. (2015). Laudato sí’. Mensajero.

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