¿Cómo será la comunicación en el futuro?

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La comunicación es esta maravilla de poder compartir algo común entren dos participantes, un fenómeno inherente a nosotros los seres humanos que surge en el cruce del hablar y el emocionar. Es el proceso de intercambiar ideas, emociones, sensaciones y en un sentido más profundo es compartir un poco de uno con el otro en esa conexión.
¿Pensamos seriamente alguna vez el impacto ambiental que tiene la comunicación en su totalidad? No en términos de materia, recursos y planeta, sino en la afectación psicológica, mental y del alma de cada individuo.


Ciberespacio


Está claro que entramos en una etapa imparable en la que adaptamos nuestro lenguaje para que nos entienda un software, dialogamos con robots que nos responden lo más parecido a cómo lo haría una persona y nos integramos al ciberespacio confiando en los beneficios de los avances tecnológicos.
En este ente intangible, virtual, difuso para muchos -siendo el sector de la economía que más capital concentra- constituido por sus centros de datos, cables submarinos, infraestructuras y sensores que se extienden por toda la tierra, todo esto muy material, es por donde fluye el fenómeno que ha obrado cambios a gran escala en la conducta humana.


¿Cuál es el mayor capital de este ámbito digital?


Las personas claro, transformadas en flujo de datos a través la comunicación frenética y permanente que hacemos en las redes sociales.
Así como las industrias explotaron al máximo la extracción de recursos terrestres agotando los ecosistemas, en el actual modelo compiten por la mayor capacidad extractiva de la información de cada sujeto para terminar monopolizando el acceso a los datos de los usuarios.


Emociones y tecnología


Sin que el observador se dé cuenta, las emociones pasaron a ser el botín de todo este juego. Las exponemos en un espacio de amabilidad que esconde la falsa filantropía social de mantenernos conectados en el mundo global, desde una apariencia de gran libertad. Ya en 2011 el autor y profesor, Evgeny Morozov (Bielorrusia) en su libro “El desengaño de Internet”. Los mitos de la libertad en la red, denunció la web como una herramienta de vigilancia masiva y represión. En tanto Byung-Chul Han anticipaba que Google y las redes sociales se han convertido en un gran panóptico donde los usuarios se exhiben sin descanso, acuciados por sus egos.


Cada individuo además de ser consumidor y trabajador, también es comunicador y publicista de sí mismo. Es afectado por los contenidos que consume y comparte de manera bidireccional, donde su realidad se ve contaminada, suplantada por la virtualidad que provee la sensación de estar en comunidad en lugar de vivir la comunidad, la sensación de empatía en lugar de ejercer la empatía.


La tecnología

La tecnología nos ha convencido que es más importante “compartir” que “existir”. Mientras los estáticos emojis hablan de nuestros sentimientos, hemos huido de las conversaciones profundas para estar en red sin escuchar. Hoy la capacidad de escucha, pasa por audios o vídeos no mayores a treinta o cincuenta segundos de duración. A esta debilitada comunicación digital que deja afuera parte de nuestros sentidos, se suma el aislamiento provocado por los atracones de series que consumimos masivamente, lo que dificulta y muchas veces reemplaza el encuentro con el otro.


Medios y epidemia de información


Por su parte las empresas y los profesionales de la comunicación se han impuesto el desafío de ajustar al máximo sus mensajes dirigido a los usuarios. Quienes pasada la época de anonimato, ahora quieren ser escuchados y recibir los envíos de manera personalizada, sosteniendo y reforzando la figura del público objetivo.


¿Queda espacio para reclamar que somos individuos y no grupos de interés?

A través de la comunicación en los medios masivos, la pandemia puso a la vista las grandes mentiras que fabrica la política. Como inmenso espejo, nos hizo ver que los ciudadanos somos corresponsables de este hacer y su resultado, lo asumamos o no.
Quedamos perplejos, inmersos en una narrativa que puso en colapso nuestro sistema nervioso; a la que obedecimos mansamente sin pensar demasiado, frente a la difusión de medidas injustas, incoherentes que atentaron y atentan contra la dignidad y la esencia humana. La misma que se fortaleció con instrucciones erráticas, vacías de veracidad, tal el caso de la OMS, hoy investigada y acusada por favorecer a China. Institución que cambió más de 30 veces su versión sobre las formas de transmisión del virus, las mascarillas, los guantes, la prevención y las vacunas, sólo por nombrar un ejemplo y una organización internacional que pertenece a Naciones Unidas y tiene la tarea de coordinar la acción sanitaria para lograr que todos los pueblos del planeta gocen del grado máximo de salud que se pueda alcanzar.


IA, ciencia y seres humanos


En tiempos donde crece la incertidumbre por el avance de la inteligencia artificial por sobre la inteligencia emocional, donde empieza a estar en jaque el futuro de la propia humanidad… Inspiremos profundo porque necesitamos repreguntar: ¿Estamos actuando peligrosamente? ¿Afectaremos a tal punto nuestra esencia que perderemos de vista la conciencia?
Hoy atravesamos colectivamente el momento del Cisne Negro, las circunstancias y condiciones ideales para que aparezca el Unicornio.
Necesitamos generar el acto creativo. La creatividad guarda relación con el descubrimiento o la invención de algo nuevo de valor. Hay dos maneras de crear, una es dar un nuevo significado a lo conocido haciendo uso de los contextos y lo viejo, otra es activar nuestra mente cuántica para la creación fundamental.

Este es el gran instante donde podemos manifestar lo impensado. El universo entero contiene el aliento mientras espera nuestra decisión frente a lo que acontece.

En la paradoja de la física cuántica es posible estar en dos lugares al mismo tiempo, existen conexiones no locales y los objetos pueden dar un salto discontinuo, a lo que se le llama el salto cuántico.

Estudios recientes dicen que el cerebro humano lleva a cabo un proceso cuántico cada vez que se da una observación. Responde a un estímulo desde el fondo de posibilidades cuánticas y precipita un acontecimiento de la experiencia cuando la conciencia lo elige.

“Kokoro” frente a las infinitas posibilidades

Hagamos el ejercicio de imaginar como será el estándar de la comunicación en el futuro cercano: nos remitiremos a dar órdenes a robots en casa y en el trabajo, un asistente nos facilitará frías y específicas directrices para cuidar nuestra salud, no discutiremos con los conductores de otros autos ya que no estaremos al volante, en el hogar dulce hogar nos estará esperando nuestra mascota robótica y un cyborg para hacer el amor, programado según nuestras preferencias. Es decir una vida aséptica y sin sobresaltos, con un lenguaje globalizado y simplificado, eso sí, todo estrictamente supervisado bajo la mirada de el gran hermano. En tanto adormecidos, seguiremos siendo parte de la avanzada en mejorar robots que puedan emocionarse como el humano, que tengan la sensibilidad en la piel o la capacidad de comunicar la ternura de los humanos.

¿De quién habrá sido la victoria, del alma o los algoritmos? ¿Dar el salto cuántico se trata de seguir pensando con el cerebro reptiliano en términos de dualidad y batalla?

¿Materia ó espíritu?

¿Y si el paso creativo es lanzarnos a experimentar una nueva conciencia que integre completamente la ética y el cuidado de la sensibilidad, propiedad distintiva de los seres vivos?

La palabra kokoro en japonés es un concepto que unifica mente, espíritu y corazón. Aunque significa “corazón”, no se refiere al órgano físico Hoy se sabe que el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional.

¿Qué vamos a elegir? La acción de hoy está impactando en el campo y es el futuro de mañana. Apuesto al salto cuántico, ese quantum que es medida y saltar que en latín significa bailar. Danzar para salir del destino que venimos cargando.

Elijo la irresistible experiencia de una realidad ideal, aquella que conserve el preciado valor de emocionarnos ante la belleza original de la comunicación entre dos seres que expresan amor.

 

Adriana Churriguera
Periodista-Coach Ontológica
Founder www.hqsproductora.com

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